Colegio San Agustín – El Paraíso

Historia del Colegio

Inicios

escanear0001 Copy    Para los años cincuenta y como consecuencia de los acontecimientos políticos de China, que obligaron a dejar el país a los Religiosos que allí ejercían su apostolado, las autoridades de la Provincia Agustiniana del Santísimo Nombre de Jesús de Filipinas, fijan los ojos en Venezuela como futuro campo de sus operaciones apostólicas. Los primeros destinados llegan a este país a finales del año 1951. Vienen de la circunscripción de Colombia y se consolida su estancia y permanencia con el espaldarazo legal que le da el Capítulo Provincial de 1952, al elevar la nueva parcela a la categoría de Vicaría Provincial. Como primer Vicario, fue nombrado el P. Moisés Montaña, nombramiento que años más tarde alguien calificó, no sin sobrados motivos, de providencial. 
  Convencidos, él y sus compañeros, de que la batalla había que darla de frente y apuntando al corazón, se decidieron de una vez por la Capital de la República y, una vez allí, por una de las urbanizaciones de más brillo de la Caracas de entonces: El Paraíso.

       No hay tiempo que perder y para el mes de Septiembre del año siguiente, 1953, en el sector de El Pinar y en una casa – quinta alquilada –, comienzan a llegar los primeros alumnos que en número, lógicamente reducido, constituyeron el curso inicial con que emprendería su andadura el COLEGIO SAN AGUSTIN – EL PARAÍSO.

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   Como la sede es provisional y a todas luces insuficiente, el empeño inmediato es conseguir terrenos adecuados en ubicación y extensión para satisfacer los sueños de los propulsores del proyecto. 

    

Cambio de Instalaciones

 

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   Un año apenas ha transcurrido y ya los vemos tratando en serio y a lo grande, de adquirir unos terrenos ubicados no muy lejos de la primera sede del Colegio; y que la cosa iba en serio, lo prueba el hecho de que para mayo de 1955 se cerraba el trato, se formalizaban las escrituras y, pocos meses más tarde, comenzaba a tomar figura el primer pabellón (hoy, oficinas principales y secundaria).

     Claro que la cosa no es tan fácil, soplar y hacer botellas, que dice el refrán. Con los problemas que trajo consigo la victoria comunista en China, hubo uno económico de grandes proporciones para la Provincia Agustiniana de Filipinas que la dejó maltrecha y hundida en serios compromisos.

 Cuando desde Venezuela se recurrió a Madrid para conseguir los permisos canónicos respectivos, las autoridades de la Provincia, seriamente amonestadas por Roma en relación con el problema antes mencionado, percibieron el grave riesgo de una nueva dificultad que, seguramente, no iba a ser aceptado desde arriba.

    Eso los llevó a dar la más categórica negativa del proyecto. Si ni siquiera se lograba el permiso necesario para llevar adelante el plan, pensar en solicitar una ayuda, a todas luces necesaria, estaba totalmente descartado.

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   Pero abandonar el proyecto parecía desperdiciar una gran oportunidad que pronto se podría lamentar. ¿Dudo de la Providencia a la que se hizo alusión cuando se habló del nombramiento del P. Montaña como Vicario? Lo cierto es que él, con los que le acompañaban en la Vicaría decidieron seguir con sus planes dejando a Dios el resto.

    Para enero de 1956, el primer edificio, no del todo terminado, dio paso a los alumnos que plenaron el edificio y los terrenos circundantes con sus gritos y carcajadas. En una estructura lineal de cuatro plantas y semisótano, se ubicaron los laboratorios, oficinas, dos pisos de aulas y el último, para residencia de la Comunidad. Madrid supo comprender y perdonó de inmediato la pequeña desobediencia.

    Entre los años 1959 y 1964, se levanta el segundo pabellón que también tiene su historia, debido esta vez, en parte, a la ingenuidad de los actores por parte de la Vicaría. Al final, todo salió bien. Una vez más, Dios protege la inocencia. Este edificio, casi en paralelo con el primero, acoge hoy a los seis primeros grados de la Educación Básica.

 

 

En Crecimiento

  

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  Pasan unos años más y de nuevo hace falta responder a las nuevas exigencias del Colegio que no ha detenido su crecimiento. Son más de un mil seiscientos alumnos y las actividades son cada vez más complejas.

    Se decide la construcción de un nuevo edificio que enlace los dos anteriores, formando entre los tres una especie de hache irregular. En él se ubicarán varias oficinas, el teatro y la biblioteca. Esta obra, de momento, se termina en el año 1973.

   Dijimos “de momento” porque para los años 1993 – 1994, el Colegio recibe un nuevo estirón. Se decide construir el edificio de “Preescolar” acorde con la edad y las actividades de los “pequeñines” lo que a su vez, permite aumentar el número de aulas en la primera etapa, pero, y va de lógica, esto obliga a buscar mayor capacidad para la tercera etapa de educación básica y ciclo diversificado.

    La solución no fue difícil. Se construyó la vivienda de la Comunidad sobre el tercer edificio (el de enlace), y el último piso del primer edificio, se convirtió en aulas, ocupadas hoy por bachillerato.

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    Desde el primer momento, se tuvo muy presente la importancia de las actividades deportivas donde, desde un principio, el fútbol llevó la preferencia, para el cual, se dispuso desde el inicio de dos canchas de diversas dimensiones. 

   En los patios interiores se realizaron, también desde el principio, diversas actividades deportivas que, en la actualidad, con la construcción del Polideportivo, permiten al Colegio apoyar otras actividades.  

    Hace 10 años se implantó en el colegio el horario turno completo (mañana y tarde). Esto trajo la búsqueda de solución para lo relativo al almuerzo.

   En el patio posterior del edificio de Primaria, siguiendo la línea del Polideportivo, se construyeron mesas con sus correspondientes asientos. Todo ello debidamente techado y amenamente decorado, se convirtió en el funcional y alegre comedor que recibe todos los días, en diversas tandas, a más de un millar de alumnos que acuden allí para reparar sus energías y poder hacer frente a las tareas vespertinas.

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   Las actividades deportivas, ya mencionadas, las diversas actividades de tipo cultural, folklórico y científico y los éxitos académicos conseguidos, cuyo exponente más elocuente lo representa, sin duda, el ingreso de nuestros alumnos a las diversas universidades y a las carreras más exigentes del país, hace que en los actuales momentos el Colegio la búsqueda de solución para lo relativo al almuerzo.

San Agustín El Paraíso, con una matrícula que supera los 2.500 alumnos, está catalogado como                                          uno de los más prestigiosos de la ciudad.